domingo, 7 de diciembre de 2008

La sorpresa del sátrapa

Si me lo permiten, volveré a Machado. Al “Juan de Mairena”, concretamente. En XXXV (Habla Mairena sobre el hombre, el trabajo, la Escuela de Sabiduría, etc.), recoje una copla del poeta Enrique Paradas que reza así:

El hombre para ser hombre,
necesita haber vivido,
haber dormido en la calle
y, a veces, no haber comido.

De ser esto cierto, estamos en el buen camino. Cada vez hay aquí más hombres, merced a los incondicionales seguidores del poeta Paradas que nos gobiernan.

Sin embargo, alguno de estos sátrapas se sorprende de que todavía queden demasiados "tontos de los cojones".

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martes, 25 de noviembre de 2008

Antonio Machado

Vamos a celebrar el próximo año el cuadragésimo aniversario de la muerte de Antonio Machado (Colliure, 22.02.1939). Cuando terminé de escribir el artículo anterior ("Mejor con una que con dos") recordé que en la clase de Juan de Mairena se había producido un episodio que venía al caso. Lo busqué, luego, y lo transcribo hoy. Aquí está:

«Mairena en su clase de Retórica y Poética.
Mairena: —Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”.
El alumno escribe lo que se le dicta.
—Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.
El alumno, después de meditar, escribe: “Lo que pasa en la calle”.»

No me digan que no tiene enjundia. Yo me rio solo, cada vez que lo recuerdo. También con otras versiones de ingeniosos imitadores. Hace unos días mi paisano Amando de Miguel recogia en su columna Lengua viva en Libertad Digital la siguiente
:

«Raúl González me envía una versión retórica, y por tanto humorística, de un dicho coloquial, el de "cuando el diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo". La equivalencia retórica y chistosa es: "cuando el espíritu de Belcebú deambula por los ámbitos del tedio, con el apéndice dorsal extermina dípteros". Aunque parezca mentira, algunas declaraciones de personajes públicos son tan retóricas como la muestra que inventa Raúl.»

Sobre el gran poeta A. Machado puedo referirles una anécdota. Me la contó mi profesor de Historia del Arte en la facultad de F y Letras de Salamanca, don Rafael Laínez Alcalá. Alumno suyo, que lo fue en el instituto de Baeza. Estábamos en su despacho de Anaya, frente a la Catedral Nueva, una tarde de calor, a finales de mayo. Fumaba él su habitual veguero de las sobremesas y sobre su chaleco de paño negro había caído un resto de ceniza. Por eso recordó a don Antonio, pues me aseguró que el poeta también tenía por costumbre vestir de negro.

«En cierta ocasión —me confesó don Rafael— los alumnos de bachillerato superior del instituto preparábamos un recital poético, a iniciativa del profesor de literatura, en el que íbamos a recitar poemas de algunos autores contemporáneos. Le comenté a don Antonio que yo había sugerido que como fondo a un poema suyo hubiera un acompañamiento de guitarra. ¡Qué dije! El poeta se revolvió en su sillón. De su cigarro cayó bruscamente la ceniza sobre su terno negro. Se irguió y, volviéndose hacia mí, me lanzó una mirada que yo sentí como saeta envenenada. De seguido, sentenció, impostando su vozarrón grave y desabrido: "Laínez, ¡ni se les ocurra a ustedes!. ¿Acompañar mis versos con guitarra? Eso sería tan espantoso como interpretar a Bach con trombón".»
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Mejor con una que con dos

¿Manipulación del lenguaje? Los trileros en este terreno son los políticos. Me refiero a los nuestros, a los españoles y a los sátrapas satélites. Esta es su principal arma de engañar o "presentar la otra cara de la realidad" (como dirían ellos).

Una norma básica para no tragarnos sus trolas consiste en lo siguiente: desconfiemos de todo concepto que no pueda ser nombrado con un solo y único morfema. Me explico. Si alguien escribe “cese temporal de la convivencia” es que quiere camuflar un divorcio. Si “interrupción voluntaria del embarazo”, se trata de ocultar un aborto. En el caso de que le cuenten que van a legalizar el “suicidio ayudado” o “la muerte digna” le están colando de matute la eutanasia. Si le presenta a alguien como “un hombre de paz”, piensen de inmediato que están ante un terrorista. En el supuesto
de que le hablen de su “derecho a decidir”, sepa que están pidiéndole su acatamiento para llevarse el agua su molino. Si le ofrecen la “píldora del día siguiente”, ya sabe que le están proponiendo un abortivo. Y así podríamos reseñar miles de acuñaciones alevosas para la manipulación más torticera e interesada de nuestros políticos trapaceros.

El castellano es una lengua lo suficientemente vieja y precisa, que dispone de un rico vocabulario para definir todas las virtudes y los vicios propios del ser humano y los útiles, acciones, ideas y sentimientos que maneja o genera. Le pueden faltar términos aplicables a los nuevos inventos nacidos de la evolución vertiginosa de la ciencia o la tecnología, pero en los demás terrenos está muy bien dotado. No necesita acudir a perífrasis ni circunloquios pedantes para designar las realidades de la vida diaria o del cotidiano vivir. Quien quiere expresarse con verdad y claridad en la lengua de Cervantes no necesita ir en contra de ley más esencial de los idiomas: la economía del lenguaje. Es decir, si lo puedes decir con una sola palabra, no utilices dos.
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sábado, 22 de noviembre de 2008

Quema de libros

Los periodistas que ejercimos en los años de la dictadura franquista, tenemos sacralizado el derecho a la libertad de expresión porque durante años nos privaron de ella a golpe de censura y de expedientes administrativos. Escribir en periódicos, entonces, era un dolor tan lacerante y amargo que muchos abandonamos el periodismo genuino para recalar en los sanatorios de los gabinetes de prensa o los departamentos de relaciones externas de multinacionales y grandes empresas. De tener que “escribir al dictado” mejor hacerlo por dinero que por miedo a la cárcel. Lo que no suponía dejar de luchar en la clandestinidad por el santo advenimiento de la democracia.

Pero hoy, de nuevo, hay ramalazos liberticidas en este ámbito de la información. Al casi monopolio de medios que llenan su andorga en los pesebres del poder, hay que añadir los exabruptos que reclaman la quema de libros o la clausura por decreto de emisoras de radio con voces críticas o discrepantes. ¡Quién nos iba a decir que volveríamos a topar otra vez con la censura!

La experiencia pasada nos da autoridad a los veteranos para prevenir a los que no han tenido que sufrir la castración ideológica, sometidos a la tiranía del pensamiento único por razón de la fuerza, en detrimento de la fuerza de la razón. ¡Atención! Delicado y frágil es el armazón de las libertades individuales y de los derechos humanos en general. Conviene velar para que tan valioso bien sea tratado con exquisita delicadeza, a cubierto de cualquier envite espurio o malintencionado.

El análisis que Juan Carlos Escudier ha hecho en El Confidencial. com (22.11.2008) sobre la inquietante situación actual, por lo que respecta a los medios de comunicación social, es clarividente y acertado: “Estamos atrapados en un laberinto sin salida. De un lado, unos estamentos políticos que se arrogan la facultad de adjudicar concesiones en virtud de un pretendido interés público, que en realidad es el suyo propio y el de su objetivo de permanecer en el poder ad calendas graecas; de otro, unos medios que incumplen la función social que tienen asignada en una democracia, a mayor gloria de las cuentas corrientes de sus propietarios y ejecutivos.”

Pero la proclama inquisitorial de Cristina Almeida, deseosa de arrojar a la pira de la más reaccionaria intolerancia los libros de César Vidal, constituye la más bestial acometida a la libertad que se ha hecho en nuestra joven y precaria democracia. Además de dolor, nos hace sentir vergüenza.
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jueves, 6 de noviembre de 2008

Retorno a la humildad

Dicen ahora que hasta la economía china empieza a hacer aguas y que, si dejara de crecer por encima del ocho por ciento, la nación más poblada de la tierra se vería convulsionada por una terrible agitación social de consecuencias inconmensurables. Para los chinos y para el resto del mundo. ¡Qué horror! Leer la prensa últimamente es como una pesadilla.

Mucho tremendismo, mucha profecía apocalíptica…, pero nadie se sale del guión de lo políticamente correcto. Cobardes y pusilánimes agoreros que no tienen redaños para acusar a los culpables del desaguisado financiero y económico (y ya mismo social) que padecemos, surgen por todas partes. Pero nadie va a las causas y pone el dedo en la llaga.

Servidor, sí quiere a aportar su punto de vista. El problema, en mi modesta opinión, es que se había sacralizado al dinero, constituyéndolo en el todopoderoso dios y señor de todas las cosas. Lo del becerro de oro del Génesis. Nada nuevo, pero sí trágico.

Ahora vienen mal dadas y descubrimos que el súper dios era vulnerable. Y, aunque todavía nuestros políticos no se atreven, pronto tendrán que incitarnos al esfuerzo, al trabajo, al sacrificio, cuando ya en las arcas no quede una onza para subvenciones y demagógicas limosnas.

Pero, ni así parece que nuestros males vayan a tener remedio fácilmente, ni en modo ni en tiempo.

A las pruebas me remito. Vean si no. Seguro que en su calle, como en todas, hay una tienda “de chinos”. Ustedes, como yo, ven a sus propietarios trabajar, conocen sus horarios ininterrumpidos durante el día y parte de la noche, sábados, domingos y fiestas… Sin vacaciones, sin convenio sindical, sin la media hora para el bocadillo… Y esto aquí, en un país democrático y respetuoso con la dignidad humana y los derechos y libertades individuales. Así que no les digo nada, qué harán en su patria, bajo la tiranía comunista.


Pues, oiga, si a los chinos les va a pasar lo están diciendo que se les avecina, trabajando de sol a sol y sin levantar cabeza… Imagínense ustedes cómo de negras la vamos a tener que pasar nosotros, tan mirados para la tan mal vista tarea de arrimar el hombro y tan celosos de nuestro ocio y del buen vivir conseguido.

Acaso no sea tan mala esta crisis. Incluso beneficiosa pudiera ser, si en medio del quebranto de la dificultad, el sentido común y el de la medida nos situaran de nuevo en nuestra realidad de simples mortales, limitados y precarios. Habitantes de un grandioso país, pero sin materias primas, pobre y mal gestionado, donde el pan hay que ganárselo con el sudor de la frente. En definitiva, facilitarnos el retorno a la humildad de la que nunca debiéramos haber abdicado.
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miércoles, 29 de octubre de 2008

Malas noticias

Mal asunto. No hace mucho fue Financial Times y ahora es Die Wetl. Uno y otro rotativos, aquél británico y éste alemán, han dado la noticia de que no habría que descartar que España fuera expulsada del Euro “ante los problemas para el conjunto de la unión monetaria europea que supondría la quiebra de uno de sus miembros.” Porque la quiebra de nuestra economía es ya para los gobiernos de la UE un hecho consumado.

Si esta desgracia llegara a confirmarse, sería la mayor tragedia que los españoles habríamos sufrido a lo largo de toda nuestra historia. No quiero ni imaginar tal horror, cuyo borrador, bajo el título de “Plan C”, se halla en alguna carpeta de alternativas que la Unión Europea baraja para contrarrestar la crisis económica y financiera actual.

No voy a entrar en datos técnicos. Están publicados y pueden consultarse. Mis reflexiones se quedan en el ámbito de la sociología. Es decir, la gente y su vivir. La calle, el día a día. La hermosa gente que siente y padece. La pobre gente que se deja engatusar por lobos con piel de corderos y, a renglón, se ve forzada a cargar con las consecuencias.

Soy de una generación que conoció España con un elevado número de analfabetos, sin luz eléctrica muchas casas, sin carreteras seguras, sin igualdad de oportunidades, sin protección social alguna, sin hospitales, sin vacaciones, sin salarios justos, sin ocio placentero, sin coches, sin alimentación equilibrada, sin planes de desarrollo rural… Y sé que a muchos jóvenes les cuesta trabajo creerlo, pero así era.

De entonces a acá, dos generaciones de españoles hemos trabajado muy duro para lograr lo que ahora todavía está disponible para todos. Que es mucho. Tanto que, en el lado de allá de nuestras fronteras, luchan hasta morir multitudes de desfavorecidos de este mundo, codiciando acceder a los bienes que nosotros poseemos, y hasta nos permitimos dilapidar.

Este es el caso. En tan grave situación, ¿qué están haciendo nuestros representes políticos? Nada. Vivir en la irrealidad de sus mentiras y ensoñaciones. Afanarse por mantener el poder que consideran conquistado para su propia satisfacción, disfrute y beneficio, al margen de la suerte que puedan correr los que se lo cedieron temporalmente. La debacle, sin embargo, no deja de mostrar su furia devastadora, cada día con más elocuencia, en todos los indicadores de situación. Ellos, a lo suyo. En concreto, ahora, consideran mucho más importante ir a Washington, el próximo 15 de noviembre, para, en vez de resolver nuestros más que serios problemas financieros, dedicarse antes a decir a los demás lo que tienen que hacer.
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martes, 28 de octubre de 2008

!Chitón!


Decíamos ayer… Pues, hoy, un nuevo giro de tuerca en la aniquilación del castellano por parte de los que luchan para que desaparezca de buena parte de las tierras de España.

El diario El Mundo informa que los libros de texto de Cataluña y Galicia ridiculizan a los que hablan en castellano. Por ejemplo: La editorial Castellnou identifica a los marcianos como hablantes de español; Anaya recurre a viñetas con claro contenido racista, y Xerais presenta el castellano como un idioma invasor.

Ejemplos: En el manual de 3º de ESO de Lengua Catalana de la editorial Castellnou, de una crónica del diario independentista Avui titulada Los marcianos hablan español y las marcianas no tienen pechos.

El libro de Lengua Catalana de la editorial La Galera, para 3º de Primaria, señala en un mapamundi el origen de los idiomas que los niños catalanes pueden escuchar en sus calles. El español encuentra su procedencia en países como Colombia y Ecuador, no en España, y se presenta en el mismo nivel que el árabe, de los inmigrantes marroquíes, o el urdú, de los paquistaníes.

En Galicia ocurre lo mismo. El manual de Lengua Galega e Literatura de 2º de Bachillerato, de Anaya, se ensaña con los ciudadanos gallegos que tienen el castellano como idioma materno o habitual en sus relaciones sociales.

El libro, destinado a jóvenes de 17 años, incluye en sus páginas una tira humorística con evidente contenido racista. Las viñetas, recogidas de La Voz de Galicia, muestran a un hombre que expone el siguiente argumento: «Hablando del problema de normalización lingüística en Cataluña, tengo el orgullo de ser gallego y hablar sólo en castellano». Su interlocutor responde: «Entón como M. Jackson, que é negro e fay forza por parecer branco» («Entonces como M. Jackson, que es negro y hace esfuerzos por parecer blanco»).

No parece que para calmar la furia genocida de los que atentan impunemente contra la Constitución del Estado, que paga su salarios y prebendas, sea suficiente que la utilización del español esté prohibida en todos los ciclos de la enseñanza de sus comunidades, por la intolerable laxitud de un Gobierno que abdica vilmente de sus obligaciones. Ellos quieren más y, si se les deja el terreno libre, acabarán por obligarnos a todos a callar la boca para que sus tropelías no sean criticadas por nadie. Las de la lengua y las que vendrán a continuación. Todas.
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