Mostrando entradas con la etiqueta casanueva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta casanueva. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de octubre de 2008

Escuela y Maestros


Me voy a referir a la escuela rural. Más concretamente a la que yo asistí, como alumno, desde que era un pipiolo hasta que comencé el bachillerato, en mi pueblo, Almeida de Sayago. El equipamiento era paupérrimo. Las instalaciones inhóspitas. ¿Qué quieren que les diga de la España rural del los años 40-50? Ah!, pero estaban los maestros... !Los heroicos maestros de pueblo! Ellos eran capaces de convertir aquellas míseras escuelas en Eldorado del saber con su amorosa pedagogía. Su tarea de docentes no terminaba en el aula, donde se desgañitaban y se dejaban la piel para enseñar. Eran maestros las veinticuatro horas del día: en la calle, en la iglesia, en el café... Para chicos y grandes, para todos. Lo suyo era una misión, no un oficio. Su entrega no era fruto del interés, sino de una vocación altruista de lucha contra la ignorancia y el analfabetismo.

Yo sé que la perspectiva de los años tiende a idealizar las vivencias de antaño. Tengo que admitir que la escuela que yo evoco ahora no es aquella escuela real en la que aprendí. Pero, puedo asegurar que en la entrega y misión de los maestros, no exagero ni un ápice. ¡Benditos! ¿Acaso he de recordar el dicho : "Pasar más hambre que un maestro de escuela"?

Mi maestro don Juan Antonio Casanueva era uno de estos egregios enseñantes. Y en él quiero personificar mi modesto homenaje a todos ellos. Maestros y maestras de las escuelas rurales de una España sumida en la precariedad y el desasosiego de la posguerra. Ellos abrieron para muchos de nosotros un camino de progreso hacia metas que sin
su trabajo hubieran sido inalcanzables y aun insospechadas. Nuevas perspectivas, visiones y sensibilidades afloraron en nuestras vidas gracias a su instrucción y a la cultura. Hago constar mi adhesión y gratitud perpetuas para todos ellos. Ya sé que han fallecido casi todos, pero ahí están sus hijos y sus nietos. Vale.
Safe Creative #0811091262990



Hoy

Estamos a 22 de noviembre y es miércoles. Hace ya tiempo que deseaba empezar a escribir en un cuaderno nuevo. Es una manía que me viene de la niñez, en aquellos años difíciles y ajados por el orín de la precariedad. ¡Empezar a escribir en la primera hoja de un cuaderno virgen! ¿Cabía más dicha que ésa? No, para mí. Renuevo, ahora, merced a este cuaderno cibernético, aquel gozoso hito de ver como en el erial de la hoja en blanco nacían y crecían las palabras que daban vida y sentido a las frases. Ideas, descripciones, retratos, poesías, narraciones, fábulas, dictados... ¡Qué maravilloso mundo en aquella plana de luz y albores! Tan opuesta a la negra pizarra en la que resolvíamos las sumas, las restas, los decimales o los quebrados, porque en ella se podía borrar lo escrito con pizarrín y corregir errores. ¿Como no cuidar con esmero la caligrafía que tan celosamente me enseñó a pergeñar mi buen maestro Casanueva, en un principio, tomando mi mano y dirigiéndola en su ir y venir por el papel? Bien sé yo, de antemano, que no me va ser fácil sustituir en el relicario de mis afectos el más ordinarios de los cuadernos de entonces por éste tan tecnológico y global.
Safe Creative #0811091263089