lunes, 21 de agosto de 2017
martes, 25 de abril de 2017
viernes, 25 de noviembre de 2016
EL LINAJE SAYAGUÉS DE JUAN DEL ENZINA
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Sobre la vida y obra de Juan del Enzina, dejó escrito
don Marcelino Menéndez Pelayo en su Antología
de poetas líricos castellanos desde la formación del idioma hasta nuestros días
que el investigador “tiene mucho que espigar allí”.
Esta recomendación del ilustre filólogo, historiador,
profesor y académico cántabro, propuesto para premio Nobel, hoy postergado cuando
no considerado anacrónico y vituperado en ciertos ámbitos académicos
universitarios, ha sido seguida por gran número de investigadores leales a la
primacía del conocimiento científico y seguidores fervientes del método
empírico de la búsqueda de la verdad.
Estoy convencido de que en la facultad de Filología
de la Universidad de Salamanca también consideran válido el método heurístico
para encontrar las soluciones adecuadas, tras el consiguiente proceso de
búsqueda y verificación, a problemas pendientes de resolver. Pero de lo
manifestado en varios escritos hechos públicos desde la mencionada Facultad,
con motivo del reciente homenaje a Juan del Enzina, se deduce claramente que,
al menos en lo que se refiere a la biografía de dicho poeta, se equivocan al
atribuir sin base fidedigna ni autoridad alguna la naturaleza de salmantino a
quien nadie, hasta el momento, ha podido demostrar que haya nacido en Salamanca
o en su provincia.
En estos ámbitos, tradicionalmente, si una verdad no
ha podido ser probada, no debe ser proclamada categóricamente, quedando
relegada al difuso entorno de las hipótesis hasta que pueda acreditarse por
fuentes fehacientes. Es por eso que los investigadores que han pergeñado la
biografía de De la Enzina se han abstenido de señalar el lugar de su nacimiento
al no poder afirmarlo con toda certeza, excepción hecha de Ana Cecilia Prenz
(Universidad de Trieste) que lo sitúa en Salamanca. Barajando diversas
hipótesis, los demás no han querido traspasar los límites de la mera atribución
con ciertos visos de posibilidad. Aludiré solamente, por razones de espacio, a
Manuel Cañete y Francisco Asenjo
Barbieri, junto con el ya citado Menéndez Pelayo.
De entre los lugares atribuidos, el que goza de mayor
probabilidad, hasta el presente, es la villa fronteriza de Fermoselle (Zamora),
último confín de la comarca de Sayago, cuna del dialecto sayagués, lenguaje
rústico en el que (¿por casualidad?) basó Juan del Enzina la jerga que los
pastores protagonistas de sus comedias utilizan. Pues bien, de esta villa
sayaguesa partió el padre del poeta, Juan de Fermoselle, para avecindarse en
Salamanca, en busca de mejores oportunidades para ganarse la vida. La fecha de
esta migración la aporta en 1943 el que fuera catedrático de Filología en la
facultad de F. y Letras de Salamanca, Manuel García Blanco (1902-1966), que
dice tomar “de las investigaciones de mi compañero en la Universidad salmantina
Ricardo Espinosa” (1894-1980). Y señala, refiriéndose al poeta: “Hijo de un
menestral humilde, seguramente zapatero, que aparece viviendo en Salamanca
hacia 1481”. Por lo tanto, en esta fecha nuestro poeta y músico, nacido en 1469,
era ya un muchacho de 11 o 12 años de edad y natural de Fermoselle, puesto que
su familia residió y no se movió de allí hasta mudarse a la ciudad del Tormes.
Nadie hasta ahora ha aportado una hipótesis más
documentada y que pueda ofrecer mayor crédito. Por consiguiente, hoy por hoy, tampoco
nadie debería considerarse legitimado para usurpar, sin pruebas más autorizadas
que las que aquí se anotan, el linaje de fermosellano, sayagués y zamorano de
este esclarecido poeta.
Perseverando los salmantinos en su más que improbable
atribución en beneficio propio, además de equivocarse, estarían trocando lo que
sentencia el conocido proverbio latino “Quod
natura non dat, Salmantica non prestat” por este otro, en absoluto
conveniente para su prestigio: “Quod
natura dat, Salmantica eripit” (En español: Lo que la naturaleza da,
Salamanca lo quita).
miércoles, 19 de agosto de 2015
EXPOSICIÓN JUSTO ALEJO, DEL 16/08 AL 31/09 EN FORMARIZ DE SAYAGO
Formariz de Sayago, pueblo natal del poeta zamorano Justo Alejo, le dedica una exposición conmemorativa en el marco festivo del año en que se celebra el 80º Aniversario de su nacimiento. Del 16 de agosto al 30 de septiembre, se podrá visitar todos los días de la semana de 20 a 22 horas.
La vida y la obra de un poeta son indisociables. Una y otra se imbrican existencialmente en una unidad original y solidaria en la manera de ver, de crear, de imaginar, de sentir.La muestra que se presenta en las viejas escuelas del lugar (cruce de la carretera de Muga con la Palazuelo) pretende dar a conocer la vida y la obra de este poeta mediante una exposición en la que están presentes paneles explicativos de las etapas más significativas de su vida (Formariz, León, Valladolid, París, Flechas de Aliste, Madrid), así como objetos de su uso personal, por una parte. Y por otra, originales de algunas de sus obras, primeras ediciones de los Pliegos Vallisoletanos y de sus libros, documentos, etc.
El aspecto didáctico que representa todo el conjunto se engloba en una recreación etnográfica de útiles de la vida campesina de la época, tan amada y presente en sus composiciones, tanto en verso como en prosa. El campo zamorano y sayagués es uno de los centros de interés de su obra y una preocupación vehemente su despoblación, su abandono, un pronóstico certero que él vislumbró, le hizo sufrir y sentirse "desertor de los suyos" por tenerse que ganar la vida en la ciudad. De ahí que "la soledad del campo" sea el leitmotiv de exposición.
"Justo Alejo. ¡Velay!" es el título de la muestra, queriendo significar la llaneza y autenticidad con que escribió y vivió, sin darse importancia, sin presunción y, sin embargo, rotundo, comprometido y rebelde hasta el punto de conservar hoy plena vigencia como poeta.
La exposición se inscribe dentro de los actos del 80 Aniversario del nacimiento del poeta sayagués. Tal conmemoración de aquel alumbramiento el 18 de diciembre de 1935 en Formariz propició la creación de un grupo de trabajo con la pretensión de "difundir la obra y personalidad" de un sayagués universal coincidiendo con el que hubiera sido su octogésimo aniversario.
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Zamora
Ubicación:
49230 Formariz, Zamora, España
sábado, 1 de agosto de 2015
lunes, 2 de febrero de 2009
Está pasando
Pasa lo que pasa…, pero no ocurre nada.
Nos han birlado, en poco más de un año, la mitad de nuestros ahorros. Sea en “el ladrillo”, sea en bolsa o en fondos cualesquiera. ¿Pasa algo? Nada. Quietos todos y calladitos.
Nos mienten, nos timan, se cachondean de nosotros, de nuestros hijos, de nuestros mayores… Nos recortan las libertades cada día, nos dejan en el paro los mismos que prometieron el pleno empleo, nos nacionalizan a los hijos para catequizarlos en el pensamiento único, ponen en peligro las pensiones… ¿Qué ocurre? Nada, nada absolutamente. Las organizaciones sociales chitón, si hablan puede peligrar su subvención.
Infeccionan el tejido social con virus patógenos que arrasan con los valores básicos de nuestras raíces judeo-cristianas. ¿Alguien hace algo? Ni los líderes de opinión, ni las instituciones académicas, ni la jerarquía religiosa se atreven a decir esta boca es mía.
De este letargo habremos de despertar un día. Glorioso día en que tendremos que ponernos a rehacer lo que tan insensatamente hemos dejado derruir. “¡Es la historia, idiota!”

Nos han birlado, en poco más de un año, la mitad de nuestros ahorros. Sea en “el ladrillo”, sea en bolsa o en fondos cualesquiera. ¿Pasa algo? Nada. Quietos todos y calladitos.
Nos mienten, nos timan, se cachondean de nosotros, de nuestros hijos, de nuestros mayores… Nos recortan las libertades cada día, nos dejan en el paro los mismos que prometieron el pleno empleo, nos nacionalizan a los hijos para catequizarlos en el pensamiento único, ponen en peligro las pensiones… ¿Qué ocurre? Nada, nada absolutamente. Las organizaciones sociales chitón, si hablan puede peligrar su subvención.
Infeccionan el tejido social con virus patógenos que arrasan con los valores básicos de nuestras raíces judeo-cristianas. ¿Alguien hace algo? Ni los líderes de opinión, ni las instituciones académicas, ni la jerarquía religiosa se atreven a decir esta boca es mía.
De este letargo habremos de despertar un día. Glorioso día en que tendremos que ponernos a rehacer lo que tan insensatamente hemos dejado derruir. “¡Es la historia, idiota!”

domingo, 25 de enero de 2009
Modelos
Se nos mueren. Les abate la corrosión inexorable del tiempo y de su desgaste por haber hecho mucho de lo poco, a base esfuerzos y renuncias. ¿Qué digo? Más que mucho de lo poco, ¡todo de la nada! Porque con sólo cuatro achiperres y su celo paterno, en unos lustros, nos catapultaron a un nivel de cultura, recursos sociales, infraestructuras, empleo y ocio equiparables a los del resto de países desarrollados de Occidente. Y eso que veníamos de las alpargatas, el tocino y los sabañones. O sea, de la miseria y desolación que la locura bestial de una guerra expande por el territorio en que se libra.
Pero ellos confiaban ciegamente en el poder arrollador de la voluntad humana cuando se entrega sin desmayo a la conquista de un noble ideal, hombro con hombro, dando lo mejor de sí mismos y sirviendo honestamente (en vez de servirse) a una causa que sólo ambicionaba el bien de todos, empezando por la familia propia y la nación.
Pena es que, poco a poco, estos modelos y referentes que sin presunción ninguna y sin alharacas han mostrado a nuestra generación (la última de la España de la escasez) el camino para estar en el mundo con dignidad. En silencio, con la misma discreción con que vivieron y trabajaron en vida, salen ahora de las residencias de mayores o de los hospitales para su definitivo y eterno descanso. Irreparable pérdida.
No lloremos por ellos. Rindámosles el homenaje que tienen tan merecido. Pero ahorrémonos las lágrimas, que habremos de derramar con largueza en los tiempos de precariedad y sufrimiento que se avecinan.
¿Cómo iba a poder ser de otra manera? Ya hace años que la sociedad del bienestar venía ridiculizando a estos maridos fieles, hombres de palabra, trabajadores sacrificados, padres responsables, patriotas fervientes y consecuentes con el sentido trascendente de su existencia. A cambio ¿qué? ¿No ven la tele? Tarambanas, perdularios, fantoches, irresponsables, birrias, trapaceros, estafadores, traidores, puteros, vividores, vagos, badulaques, follones… No hay otra cosa.
Con tales modelos nuestra sociedad, sumergida en una crisis de valores mucho más preocupante que la económica, si no reacciona con premura va a padecer consecuencias de terrible alcance. Esto no ha hecho más que empezar.
Claro que hay otra manera de ver las cosas: acaso estas convulsiones sean los primeros síntomas del alumbramiento de una ruptura con la sinrazón para volver al buen sentido. ¡Ojala!
Pero ellos confiaban ciegamente en el poder arrollador de la voluntad humana cuando se entrega sin desmayo a la conquista de un noble ideal, hombro con hombro, dando lo mejor de sí mismos y sirviendo honestamente (en vez de servirse) a una causa que sólo ambicionaba el bien de todos, empezando por la familia propia y la nación.
Pena es que, poco a poco, estos modelos y referentes que sin presunción ninguna y sin alharacas han mostrado a nuestra generación (la última de la España de la escasez) el camino para estar en el mundo con dignidad. En silencio, con la misma discreción con que vivieron y trabajaron en vida, salen ahora de las residencias de mayores o de los hospitales para su definitivo y eterno descanso. Irreparable pérdida.
No lloremos por ellos. Rindámosles el homenaje que tienen tan merecido. Pero ahorrémonos las lágrimas, que habremos de derramar con largueza en los tiempos de precariedad y sufrimiento que se avecinan.
¿Cómo iba a poder ser de otra manera? Ya hace años que la sociedad del bienestar venía ridiculizando a estos maridos fieles, hombres de palabra, trabajadores sacrificados, padres responsables, patriotas fervientes y consecuentes con el sentido trascendente de su existencia. A cambio ¿qué? ¿No ven la tele? Tarambanas, perdularios, fantoches, irresponsables, birrias, trapaceros, estafadores, traidores, puteros, vividores, vagos, badulaques, follones… No hay otra cosa.
Con tales modelos nuestra sociedad, sumergida en una crisis de valores mucho más preocupante que la económica, si no reacciona con premura va a padecer consecuencias de terrible alcance. Esto no ha hecho más que empezar.
Claro que hay otra manera de ver las cosas: acaso estas convulsiones sean los primeros síntomas del alumbramiento de una ruptura con la sinrazón para volver al buen sentido. ¡Ojala!

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